2020 y la Vida que debe madurar sin perder la inocencia del amor

2020 y la Vida que debe madurar sin perder la inocencia del amor
Que este año lleguemos sanos y salvos al año que viene

miércoles, 4 de julio de 2012

Pensaba en un rostro delicado



 
................................................... 








Pensaba en Alejandra Pizarnik para iluminar este post con sus enigmas, sus versos, sus muñecas, sus tazas de té bebidas en el país de las maravillas con Lewis Carroll y la muerte, y su indudable construcción consciente de un personaje mítico, poético, secreto.


Con lo indescifrable, también, que dejó en suspenso su propia muerte tan juvenil y atormentada. Pero me encaminé a la biblioteca en busca de material pizarkniano, y antes de encontrarlo tropecé con un libro que nada tiene que ver con Alejandra, más viejo que ella, más antiguo también, nada más que un ensayo inteligente en buena prosa francesa. Y desistí de los verdes ojos de Alejandra y su mirada oscura; la suspendí para otro post.


Porque había hallado un escrito que quiero fervientemente compartir con ustedes, aunque sea en fragmentos. Porque está escrito luego de la Primera Guerra Mundial, pero parece -en su contenido- escrito hoy.


Porque se dirige a los europeos de esa época, pero parece dirigirse a todo el universo contemporáneo.


Y además porque esta mañana, al levantarme, leí en no sé qué diario, o quizá en Internet, esta cita de Einstein: "El hombre se enfría mucho más rápidamente que el planeta que pisa", o algo así... La crisis del espíritu Ahora, sobre una inmensa explanada de Elsinor, que va desde Basilea hasta Colonia, que toca las arenas de Nieuport, los pantanos del Somme, el gres de la Champagne, los granitos de Alsacia, el Hamlet europeo mira millones de espectros.


 



Forever

Boquita de luz




En el Languedoc donde se hablaba la lengua de Oc, es decir provenzal- aparecieron en el siglo XI unos poetas revestidos de magia, que se mezclaron con “los hombres de negro”, los cátaros, y que en determinadas ocasiones fueron cátaros ellos mismos: los trovadores. 






Sus historias de amor fueron múltiples, aunque raramente llegaron a conocer a su amada: alguien les mencionaba su belleza, su suavidad, su dulzura, y ellos iban por los caminos cantando las virtudes de estas damas hasta llegar a sus lejano castillos, si es que llegaban, y después a sus brazos, y esto era lo más raro del mundo.





Estos poetas, muchos de ellos de singular talento, eran los verdaderos “enamorados del amor” que después reencarnaron en el movimiento romántico. En Poe, en Baudelaire, en Bécquer…






Cuando pasan los siglos todo vuelve. Algunos trovadores se convirtieron en el siglo XX en trovadoras, y fueron como ellos, pacientes, nobles, sufridas aventureras de los caminos, y casi, no esperaron nada.

Moda en las pasarelas

Odio las pieles... desnudas





Los libros venían a mí, yo no los buscaba. Caían en mis manos como si ellas fueran redes y ellos peces redondos y sonrientes. Probaba algunas páginas de todos.






A algunos les encontraba el sabor de mi hambre, los devoraba varias veces. Así, pesqué uno de bello título, "El Bosque de la Noche", y cuya autora tenía un nombre extraño, Djuna, Djuna Barnes, y era amiga de T. S. Eliot, uno de mis poetas de la mesa de luz.




Pasé mucho tiempo junto a él; tenía una intensidad extraordinaria aunque, a mi modo de ver de entonces, empezaba algún tiempo después de su comienzo, al menos en el capítulo 2 -y aquí, ven, se juntan tiempo y espacio, y el espacio es el libro de Djuna Barnes.






Poco pude averiguar de ella antes de perderla y no encontrarla nunca más hasta hace dos años: Era una mujer alta y pensativa, y vi una foto con su lindo perfil, y creo que murió en México, además.  






Nada me costaría actualmente apelar a Wikipedia para saber algo más, pero prefiero mantenerme en el misterio. 


Y de misterio es lo que voy a contarles.

La Reina