2020 y la Vida que debe madurar sin perder la inocencia del amor

2020 y la Vida que debe madurar sin perder la inocencia del amor
Que este año lleguemos sanos y salvos al año que viene

domingo, 16 de septiembre de 2012

una flor de despedida

Para una escritora, o para un escritor, la nostalgia florece cada vez que encuentra entre sus papeles un anónimo envío de los tiempos pasados. El tiempo sin embargo habla con voz muy dura, ¡éramos tan inocentes entonces! O mejor: ¡éramos tan ignorantes y no lo sabíamos!. He aquí una perla de mi cofre.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Babelito

productos no vencibles


La fuente de la poesía envía largas serpentinas de voces desde cualquier lugar. El bosque, el mar, el asfalto, la montaña, los campos florecidos o nevados -yo, ahora que empieza la primavera, tengo cerezos y ciruelos en flor.


¿Quién es el que pregunta si puede publicar uno, varios o muchos cuentos o poemas? Esta página es el lugar que imaginé para reunir vuestras voces, en el bosque, el mar, el asfalto…

Pueden enviar todos los escritos que deseen, editarlos acá. Muchísima gente va a leerlos,

   

van a atravesar la alegría, el dolor y la esperanza de muchísima gente, van a llegar a espíritus aún despiertos -¿o aún dormidos?- y a espíritus que no se sabe dónde han despertado. La poesía es una locura incurable y eterna.

Junta palabras como flores -flores negras o blancas- y se las da en ramos ardientes a las almas. Conocidas, desconocidas, almas siempre hermanas. La mano tiene la urgencia de escribir sobre el papel los signos que están durmiendo en todos los otros órganos del cuerpo y del alma, y dárselo a cualquiera.

Antes de escribir, el ser humano es poesía; al dársela al papel, la transmite a posibles, infinitos destinatarios. ¡Envíen todos sus escritos, Poetas!… Sus cuentos, sus fragmentos de diarios…

martes, 11 de septiembre de 2012

Punto muerto




La lectura en desorden no garantiza ningún conocimiento, pero alrededor de ese lector desordenado se va tejiendo una. El adjetivo de la palabra capa lo inscribí conscientemente; lo que sí tengo que aclarar es que la magia en este capa mágica llamada con apresuramiento cultura literaria. El adjetivo de la palabra capa lo inscribí conscientemente; lo que sí tengo que aclarar es que la magia en este caso no se pesa en oro sino en chatarra.



Y advertir además que la chatarra también es útil, increíblemente, en un mundo tan descascarado: rellena. Yo leí -y leo- durante años y años los libros que casualmente fluyen hacia mis manos, creo haberlo dicho ya. A veces fluyen otra vez, y otra vez, y otra vez, entonces, en algunas ocasiones, descubro fascinada que “he descubierto” a su escritor: podría completarle las frases, sabría cómo termina su cuento, etc.



Seguro que tal prodigio que me traen los días es pura ilusión, e inmodestia, por decir lo menos. Pero el momento -”mágico”, de nuevo- en que parece alumbrar en mí una lámpara que enfoca todo el perfil de una persona es uno de los que considero mi Paraíso.


Después se pierden esos momentos; ya no recuerdo por ejemplo cómo era conocer la mirada de Proust, el primer piar de sus pájaros en la mañana en el Bulevar de los Tilos en París; o los terrores de Dostoievsky jugándose sus últimas novelas, apostando fama y amores por última vez. Eso sí, nunca había descifrado el verdadero y poderoso rostro de mi querido Borges.

Sentía que se escondía, que me hacía trampa o bien que su escritura era tan transparente que no ocultaba más que gloria infinita.